EL PAISAJE URBANO COMO PATRIMONIO. SEVILLA Y EL GUADALQUIVIR

 

Desde hace ya algún tiempo el concepto de paisaje ha sobrepasado argumentos y visiones personales hasta llegar a un abuso del término, lo que hace verdaderamente muy difícil determinar una única definición. Más si cabe si atendemos al origen del término paisaje, cuyo nacimiento surgió en el ámbito del arte para designar un género de pintura. En la actualidad, pretender abarcar o defender una única definición de paisaje con las debidas concisiones de universalidad es realmente imposible. Tal y como apuntaba Maderuelo en su capítulo introductorio sobre la Génesis de un concepto, para entender realmente qué queremos decir cuando nos referimos a paisaje, debemos revisar por medio de la historia de la cultura cómo se ha ido forjando el concepto de paisaje a partir de diversas parcelas de conocimiento en una relación subjetiva entre el hombre y el medio que se establece a través de la mirada.

El paisaje no es naturaleza, ni una cosa tangible, el paisaje entendido como fenómeno cultural es una convención que varía de una cultura a otra, es una elaboración mental que realizamos a través de la propia cultura. Desde la perspectiva del patrimonio cultural, el avance realizado en las dos últimas décadas del s. XX culminará con la firma del Convenio Europeo del Paisaje (2000) y en el Memorando de Viena (2005), así como en otros documentos internacionales previos redactados en el siglo XX. Una reflexión en torno a un significado que arranca desde la posguerra europea tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. El recorrido conceptual que se produce entonces en el propio concepto de patrimonio cultural vinculado al territorio tiene su reflejo en la Declaración de París de 1972 y la Convención sobre la protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural (1972).

 

Ciudad cultural y paisaje como identidad. Sumidos en pleno s. XXI, el patrimonio se identifica cada vez más como un recurso cultural, social, educativo, científico y de cohesión territorial generador de desarrollo, máxime si se relaciona e interactúa con otras políticas sectoriales (tal como veremos en nuestro caso de estudio), como es el caso de las políticas de turismo, medio ambiente y ordenación del territorio. Con este motivo, aparecerá el concepto de “gestión de políticas culturales” donde además de las actividades tradicionales relacionadas con los bienes culturales se incluyen interacciones con otras políticas en el territorio. Esta lectura del patrimonio cultural como fuente de riqueza abrirá nuevas vías de acción como oportunidad para situar la cuestión del paisaje en el marco del debate sobre la conservación y la gestión de la ciudad histórica, avanzando sobre aquellos planteamientos culturales más tradicionales que definen el paisaje urbano como algo estático, alejado de una utilización de los recursos territoriales, la localización de las actividades y asentamientos de población, la implantación o el desarrollo de las principales estructuras patrimoniales contemporáneas entre otras que intervienen decisivamente en dicha consideración. (IAPH: 2015).

La ciudad, a pesar de desplegarse en espacios reducidos y acotados, posee un espesor histórico mucho mayor que junto a sus transformaciones hace muy difícil acotarlos en un mismo plano. Cada paisaje se convierte en un contendor cultural, un depósito histórico y un espacio de lectura del mundo (Carapinha, 2009). El paisaje histórico urbano transciende la idea del edificio para considerar el lugar con todos sus atributos, el perfil de la ciudad, los ejes visuales, las líneas y tipos, los espacios, la topografía, la vegetación… De esta manera, una suerte de elementos culturales como monumentos, hechos históricos así como sus paisajes, son socialmente reconocidos y valorados convirtiéndose en elementos identitarios de general aceptación frente a otros.

Paisajes culturales y turismo. El turismo como actividad cultural manifiesta el modus vivendi de una determinada sociedad (a nivel individual, de agrupaciones o de grandes contingentes de población) en el aprovechamiento de su tiempo libre, como actividad de ocio. A lo largo de los años, esa actividad se ha desarrollado y alcanzado dimensiones importantes, especialmente en el siglo pasado, al ampliarse a grupos cada vez más numerosos y diversos. La actividad turística como acción de desplazamiento provocada por una motivación hacia el entretenimiento, descanso, conocimiento, aprendizaje, salud, etc., viene ganando matices en función de las exigencias de los actuales consumidores turísticos, diferentes a las de los viajeros románticos y exploradores de otras épocas, ya que estos son, a menudo, más experimentados, más independientes y de estilos de vida diversos. A la par de ese crecimiento, cabe, en realidad, aclarar que por turismo cultural entendemos la inserción equilibrada del propio turismo en los conjuntos patrimoniales, cuya singularidad física, simbólica y funcional evidencian una delicada relación de ida y vuelta. Las ciudades se configuran como bases territoriales en las que el turismo se desarrolla, y sin embargo no constituyen un espacio diseñado para el turismo ni la función turística. La singularidad de los centros históricos deriva de su condición de espacios multifuncionales y socialmente plurales en un marco edificado de base histórica. (Troitiño, 2005).

El llamado turismo cultural se ha convertido en una de las actividades turísticas con mayor crecimiento, dando lugar a un fenómeno turístico en alza que al consistir en un viaje de motivación esencialmente cultural reclama conocimientos específicos y una gestión apropiada del contexto en el cual se desarrolla. Sin embargo, una de las claves para entender la actividad turística es acotar aquellas características básicas que permitan reconocer la oferta en función de los elementos de identidad que la conforman y su relación con las tendencias de la demanda, según sus peculiaridades y variables intrínsecas (expectativas, sueños y deseos), permitiendo a su vez establecer la segmentación del mercado turístico que se hace cada vez más especializado y exigente, y atenderlo de modo eficiente y eficaz. El turista cultural no es un turista accidental, sino que decide lo que desea visitar, los atractivos son esencialmente los recursos culturales que constituyen el paisaje cultural de la ciudad.

Ese patrimonio cultural, entendido como el conjunto de recursos culturales reconocidos por su valor simbólico y referencia cultural de los segmentos sociales de esa localidad, es bajo el prisma del turismo, el objeto de consumo principal, tanto de residentes como de visitantes, estos últimos caracterizados como excursionistas y turistas. En esta misma línea, La Carta Internacional de Turismo Cultural de 1999 defenderá cómo el patrimonio cultural es, por excelencia, el atractivo central de esa actividad, indispensable para la promoción de productos turísticos. Así las acciones de desarrollo turístico de cara al consumo de bienes y servicios culturales deberán estar basadas en criterios de sostenibilidad, que permitan su uso y disfrute, la difusión e intercambio de conocimiento, la manutención y el  acrecentamiento de valores simbólicos y de su esencia física y las condiciones de realización de una gestión creativa capaz de afrontar la complejidad de los diversos ámbitos implicados en la ciudad histórica.

El Guadalquivir como paisaje histórico. Una visión contemporánea Tal y como recoge el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico en su reciente Guía del Paisaje Histórico Urbano, Sevilla forma parte de ese conjunto de ciudades con historia, gracias a un aglomerado urbano excepcional en el que determinados episodios han dejado su marca: origen lacustre, desembocadura en el Atlántico con altos valores ambientales, emporio medieval almohade, emblema de la cristiandad en un estadio previo a la formación del Estado Moderno, comercio de Indias, protagonismo de la Iglesia y la nobleza en la formación de la ciudad del XVII y XVIII, presencia de las fiestas, Exposiciones Iberoamericana y Universal de 1929 y 1992, y otras referencias que la dotan de una complejidad y riqueza difícil de aprehender.

De manera reciente, el Plan General de Ordenación Urbana de Sevilla recogía en el año 2006 para el desarrollo de su centro histórico, por un lado el reconocimiento del estado de madurez de algunas zonas de la ciudad que adquirieron centralidad urbana y por tanto, el papel que debía jugar el centro histórico con el resto de la ciudad considerándolo como un lugar para vivir con vistas a su dinámica económica. Se marcaron entonces los propósitos esenciales que hablaban de una intensificación del uso turístico de la lámina de agua y una clara atención al Río Guadalquivir como componente estratégico territorial. De manera paralela, y con el objetivo de diversificar y ordenar la oferta turística de la ciudad, el Plan Turístico de la ciudad de Sevilla, también del año 2006 y consensuado por la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Sevilla y la Confederación de Empresarios de Sevilla, establecía de manera prioritaria entre sus objetivos la expansión del área turística de la ciudad ante la congestión del área turística consagrada y, por consiguiente, la minimización de los efectos negativos existentes, la ampliación de la puesta en valor de edificios de interés patrimonial, a fin de potenciar el atractivo turístico de la ciudad y una centralidad absoluta hacia el Río Guadalquivir, corredor cultural, paisajístico y desde ahora eje turístico de la ciudad.

 

Figura 1. Puente de Triana y Paseo de la O

Figura 1. Puente de Triana y Paseo de la O. Sevilla.

Como consecuencia del esfuerzo que desde diferentes ámbitos de trabajo y gestión se realizaron entonces, a lo largo de estos últimos años se han ido sucediendo y aprobando proyectos urbanísticos en Sevilla que marcan una considerable atención hacia el paisaje histórico urbano y al río Guadalquivir como referencia. Por citar algunos de estos, el “Proyecto Metropol Parasol”, en la plaza de la Encarnación, con la instalación de un Museo de Historia de la Ciudad y la reinstalación del Mercado de Abastos. El proyecto cultural “Orilla de la Dársena del río Guadalquivir” cuyo esfuerzo principal reside en el interés por orientar y potenciar el uso público  de esta dársena olvidada para los ciudadanos y visitantes, incidiendo, entre otros aspectos, en la valorización de determinados hitos monumentales, como la Torre del Oro.

Figura 2. Muelle de la Sal

Figura 2. Muelle de la Sal. Sevilla.

La restauración y acondicionamiento del Palacio San Telmo en Sevilla como sede de la presidencia de la Junta de Andalucía, por Guillermo Vázquez Consuegra (2001-2010) y los trabajos realizados en el entorno monumental han representado a nivel cultural y paisajístico un referente en la ciudad, pues con el diseño de miradores, jardines y espacios dedicados a la contemplación del inmueble y su contexto con el río se desprenden nuevas relaciones que van más allá de la percepción visual y consideración de paisaje histórico urbano.

Podemos citar también los trabajos de recuperación de pequeñas piezas arquitectónicas como la rehabilitación del Costurero de la Reina, uno de los primeros edificios que se construyen en estilo neomudéjar por Juan Talavera y de la Vega, quien lo diseñó hacia 1880, por encargo de Antonio de Orleans y María Luisa Fernanda de Borbón. En 1929, el edificio quedaría integrado en el recinto de la Exposición Iberoamericana.

Figura 3. Palacio de San Telmo

Figura 3. Palacio de San Telmo. Sevilla.

Los trabajos de recuperación del Muelle Nueva York a cargo del estudio de Antonio Barrionuevo Arquitectos S. L. (2010-2012) con la instalación de recursos dedicados al turismo en el tramo de este muelle que separa los puentes de San Telmo y Los Remedios y la recuperación del Muelle de la Sal, la rehabilitación Pabellón de la Navegación o la creación de nuevos espacios como el Acuario Nuevo Mundo son algunos de los proyectos que Sevilla ha asumido recientemente.

Figura 4. Paseo del Muelle de Nueva York.

Figura 4. Paseo del Muelle de Nueva York. Sevilla.

Figura 5. El Río Guadalquivir en el Muelle de Nueva York.

Figura 5. El Río Guadalquivir en el Muelle de Nueva York. Sevilla.

En esta misma línea de trabajo, el Plan de Desarrollo turístico de la ciudad de Sevilla hacia el barrio de Triana, marca como estrategias de trabajo fomentar aquellas actividades urbanas dinamizadoras como la cultura-ocio, el turismo y el sector terciario a partir de las potencialidades existentes y, reactivación funcional del centro histórico y su relación con el río Guadalquivir. De esta manera, la protección y conservación del centro histórico no se convierte en un objetivo meramente estético o culturalista, sino como parte de un esfuerzo mayor por el fomento del desarrollo de un modelo turístico de calidad. La recuperación de piezas patrimoniales como el Castillo San Jorge y los trabajos de rehabilitación de la antigua Fábrica Santa Ana como Museo de la Cerámica en Triana por el estudio AF6 Arquitectos (2009-2014), son algunos de los mejores referentes que suscriben tales argumentos.

Figura 6. Centro Cerámica Triana

Figura 6. Centro Cerámica Triana. Sevilla.

Conclusiones. En la Declaración de Viena sobre la conservación de los Paisajes Históricos  Urbanos (París, octubre de 2005) se subraya la necesidad de contextualizar adecuadamente la arquitectura contemporánea y se recalca la importancia de emprender estudios sobre las repercusiones culturales o visuales cuando se planifiquen intervenciones contemporáneas. Se invita entonces a asumir los principios enunciados en el Memorando de Viena (Viena, mayo de 2005) en relación a las políticas de conservación del patrimonio y se promueve la integración del concepto de paisaje histórico urbano en la elaboración de los planes de gestión. Si bien el estudio del paisaje ha alcanzado cierto grado de madurez y desarrollo en las últimas décadas, apenas se ha comenzado a formular procedimientos para una gestión del espacio público de las ciudades y mucho menos de una planificación del paisaje urbano. Una clave importante para la gestión del turismo cultural como es centrar la atención en el patrimonio cultural, recurso finito y no renovable.

Figura 7.Turista desde el Puente de Triana

Figura 7. Turista desde el Puente de Triana. Sevilla.

Consideramos que a pesar de los ejemplos presentados, hay algunos aspectos importantes que no debemos pasar por alto. Así pues, es imprescindible constatar la existencia de un proyecto cultural para la ciudad histórica en el que la oferta cultural debe primar sobre la demanda turística como resultado de un proceso de revalorización y utilización turística del patrimonio cultural de la ciudad. Una perspectiva fundamentada en el desarrollo de una cultura urbanística del patrimonio basada en la planificación y la gestión capaz de hacer prevalecer los valores de preservación y valoración de un paisaje concreto y un patrimonio cultural en un marco urbanístico. Un trabajo iniciado desde hace poco tiempo, en el que se debe considerar tanto los instrumentos de ordenación y gestión urbana como las herramientas de trabajo necesarias para asegurar la permanencia y la puesta en valor del patrimonio cultural de la ciudad histórica, en una triple relación metodológica entre disciplinas urbanísticas, patrimoniales y turísticas.

Figura 8. El río Guadalquivir desde el Puente de Triana

Figura 8. El río Guadalquivir desde el Puente de Triana. Sevilla.

Referencias Bibliográficas

Assunto, R. (1962): Introduzione alla critica del paesaggio en AA.VV. (2005): Paisajes Culturales, Colegio de Caminos, Canales y Puertos, Madrid.

Brito, M. (2008): Las ciudades históricas como destinos patrimoniales: potencialidades y requisitos, Universidad Complutense de Madrid.

Carapinha, A. (2009): “Los tiempos del paisaje”, en Maderuelo, J. (dir) (2009):

Paisaje e Historia,  CDAN-Abada Editores, Madrid.

IAPH (2009): El paisaje histórico urbano en las ciudades históricas patrimonio mundial: indicadores para su conservación y gestión, Sevilla.

IAPH (2015): Guía del Paisaje Histórico Urbano de Sevilla, Sevilla.

Maderuelo, J. (2005): El paisajes. Génesis de un concepto, Abada Editores, Madrid.

Maderuelo, J. (dir.) (2010): Paisaje y Patrimonio, Abada Editores, Madrid.

Maderuelo, J. (2011): Arquitectura: Patrimonio y paisaje, Universidad de Alcalá de Henares, Alcalá de Henares.

Troitiño, M. A. (2005): “Potencialidades y límites en el uso turístico del patrimonio cultural” en Instituto de Turismo Responsable. Forum Mundial de las Culturas Barcelona 2004. Diálogo sobre Turismo, Diversidad Cultural y Desarrollo Sostenible. Barcelona, pp. 83-88.

 

Índice de Imágenes

Figura 1. Puente de Triana y Paseo de la O. Sevilla. Fuente: Lourdes Royo Naranjo. 2014.

Figura 2. Muelle de la Sal. Sevilla. Fuente: Lourdes Royo Naranjo. 2014.

Figura 3. Palacio de San Telmo. Sevilla. Fuente: Lourdes Royo Naranjo. 2014.

Figura 4. Paseo del Muelle de Nueva York. Sevilla. Fuente: Lourdes Royo Naranjo. 2014.

Figura 5. El Río Guadalquivir en el Muelle de Nueva York. Sevilla. Fuente: Lourdes Royo Naranjo. 2014.

Figura 6. Centro Cerámica Triana. Sevilla. Fuente: Lourdes Royo Naranjo. 2014.

Figura 7. Turista desde el Puente de Triana. Sevilla. Fuente: Lourdes Royo Naranjo. 2014.

Figura 8. El río Guadalquivir desde el Puente de Triana. Sevilla. Fuente: Lourdes Royo Naranjo. 2014.

 

Lourdes Royo Naranjo
Dpto. Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas
ETSA Sevilla
lroyo@us.es

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