La regeneración urbana un reto con futuro. El Casco Vello de Vigo

María A. Leboreiro Amaro, arquitecto
Del renacimiento del Casco Vello de Vigo, solo se puede hablar como un “work in proccess”, al
que aún le queda un largo recorrido pese a lo que se ha avanzado en los últimos años y que
permite hablar de una percepción cualitativa de cambio.
El Casco Vello de Vigo, origen de la ciudad que hoy conocemos como cabecera de una
dinámica área funcional, no tiene una gran superficie, ni un número importante de edificios.
Vigo a principios del S. XX tenía unos 22.000 htes, una vez anexionados los municipios
limítrofes. Antes, al igual que hoy en día, vivían en su mayoría en las distintas parroquias en las
que el municipio divide sus 101 km2, con una forma de vida urbana inserta en el medio rural.
Ello da idea de la importancia histórica del Casco como espacio de centralidad.
La ciudad fortificada pierde su muralla, como muchas otras españolas, en los años de la
Primera República (1.861) y es en esta época en la que empieza a fraguarse su primer
Ensanche, un ensanche decimonónico que ganará terrenos al mar frente a un próspero puerto.
El Casco Vello comienza a verse como lo que es en realidad, un lugar incómodo para vivir,
residuo de la antigua vida marinera que le dio origen. La apertura de nuevos viarios como la
que hoy es la calle Elduayen divide la ciudad en dos partes. Lo que antes fue un continuo
urbano, construido por agregación se rompe y se crea una barrera más sociológica que física
que da lugar a una clara diferenciación entre la parte baja y la alta y que resta oportunidades a
esta última.

Abandonado muchos años a su suerte hoy el Casco revive con estrategias bien planteadas del
denominado Consorcio del Casco Vello de Vigo, que asume el concepto de regeneración
urbana como motor de su actividad, una vez superado el concepto de rehabilitación como
actividad centrada en la recuperación de los centros históricos por su valor patrimonial,
hablando de rehabilitación urbana integrada como puesta en marcha de estrategias
innovadoras de regeneración urbana que, mediante un enfoque integrado contemple los
aspectos sociales, económicos y medioambientales, favoreciendo un desarrollo urbano
sostenible.

1. CASCO VELLO

El Casco Vello, se adapta a la difícil topografía en la que se asienta, bajo los dos castillos de
defensa militar de San Jorge y San Sebastián, el primero visible y con su recinto completo e
incorporado al Castro, el parque urbano más importante de la ciudad. Del segundo sólo
permanecen algunos lienzos de muralla, en torno a una zona verde, auténtico mirador sobre la
ría de Vigo y que los vigueses ignoran. El Casco Vello es un conjunto donde se apiñan las
edificaciones tal como nos muestra el plano de Coello de 1856, plenamente consolidado,
Taboada Leal nos dice que en 1840 en el interior de su recinto amurallado vivían 2.767
personas, lo que a falta de otros datos puede considerarse su máxima ocupación y que desde
luego a día de hoy parece inalcanzable y no deseable dado el tamaño de las unidades
parcelarias, que hacen difícil pensar cómo podrían vivir tal número de personas, probablemente
en condiciones de habitabilidad muy precarias.
Si bien no se trata de un núcleo monumental, el Casco posee una arquitectura en piedra, bien
trabajada, hasta en las casas más humildes, con un alto interés y una gran variedad de
tipologías dada la continuidad de la ocupación y su construcción sobre sí mismo, en un largo
periodo de tiempo desde el s. XV en que se consolida el primer asentamiento. Como tipo
básico se trata de edificaciones que en su mayoría presentan hoy dos o tres plantas,
desarrollándose en profundidad, en su interior la “lareira”, el fuego tradicional, configura el
centro de la vida de la vivienda existiendo muy buenos trabajos de cantería.
Con edificios de carácter más popular, y pintoresco en la zona del Berbés, próxima al mar,
donde vivían los pescadores y casas de mayor prestancia en torno a la Pza. de la Constitución
y c/Real donde se asienta la burguesía y la nobleza local. En conjunto son las fachadas las que
presentan una mayor evolución, habitualmente tienen con dos o tres huecos, lisas en un primer
momento para incorporar más tarde balcones de buena rejería sustituidos posteriormente por
las galerías o incorporadas éstas en una tercera planta. Los soportales aparecen en la Ribera
del Berbés vinculados a la venta del pescado y a la actividad comercial en la Plaza de la
Constitución en la que se celebraba mercado al igual que en la hoy denominada plaza de la
Princesa.
El valor del Casco Vello de Vigo, no reside, hay que insistir, en su arquitectura, no hay más que
ver otros conjuntos gallegos próximos como Pontevedra o Ourense, sino en su trama urbana,
compuesta por calles intrincadas y estrechas que al trepar por la ladera se convierten en
escaleras o en pequeños ensanchamientos, auténticas plazas sin geometría definida cuando
discurren paralelas a las curvas de nivel, pavimentadas en piedra. Plano vertical y horizontal
presentan una continuidad solo rota por la presencia del cielo que se atisba en sus estrechas
secciones. Se trataba de un barrio abigarrado, que en su día estuvo lleno de vida, hasta que
comenzó su decadencia, a medida que se fueron construyendo nuevos ensanches urbanizados
en los que las viviendas tenían otras condiciones de habitabilidad y que el aumento del nivel de
renta hacía asequibles.

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La actividad fue desapareciendo a partir de los años 50 para hacerlo a mayor velocidad a partir
del momento en que la Casa Consistorial abandona la Plaza de la Constitución, en los años 70
del pasado siglo, ya entonces las actividades más dinámicas se habían consolidado en el eje
Paseo de Alfonso-Elduayen-Policarpo Sanz-García Barbón. Un primer momento de abandono
por la administración favoreció la desaparición de edificios de interés e identidad del frente
marítimo como el hotel Continental o el Mercado de A Laxe sustituidos por edificios de dudosa
calidad arquitectónica y que actuaron como pantalla en su percepción desde el mar, y en el
interior, las sustituciones no sirvieron más que para tensionar el Casco, rompiendo el equilibrio
y armonía de algunas zonas.
Se inicia así un período de decadencia que en algún momento pudo considerarse irreversible.
El abandono de las edificaciones, forzó su deterioro y la falta de mantenimiento por la pérdida
de su valor económico, hasta llegar a los niveles de ruina que aún hoy en día están presentes
en todas las calles.

2. INICIATIVAS DE INTERVENCIÓN

En esta situación surge una primera iniciativa desde el planeamiento urbanístico con la
aprobación del Plan Especial de Reforma Interior del Casco Vello en el año 1981, un plan en el
que está más presente una intención de rehabilitación física de la edificación que la de una
actuación integral como ya se requería.
El Casco Vello ha contado con un Plan Urban que remató en 1999, éste permitió ensayar un
modelo de gestión integrada y dio lugar a la rehabilitación de buena parte del espacio público
(24.000 m2) y a construir equipamientos hoy en funcionamiento. También se produjo la
restauración de algunas fachadas y el fomento de la actividad económica con la apertura de
locales comerciales, que posteriormente fueron cerrándose al no incidirse en lo más
importante: la transformación del tejido social.
En 2005 se creó el Consorcio del Casco Vello entre la Xunta de Galicia (90%) y el
Ayuntamiento de Vigo (10%). Su objetivo es la reactivación de la actividad en el Casco Vello
desde diversos frentes: la gestión directa de las actuaciones desde la expropiación de edificios
abandonados y su rehabilitación con la intención de incidir en el mercado de vivienda, la
gestión de ayudas a los privados ya sea en materia de rehabilitación de vivienda o de puesta
en marcha de locales para la actividad económica, al tiempo que realiza estudios para la
implementación de otras acciones.
La declaración de Bien de Interés Cultural como Conjunto Histórico Artístico llega en febrero de
2006, un año antes de la aprobación definitiva del nuevo Plan Especial de Protección y
Reforma Interior (PEPRI) que se produce en abril de 2007. Queda así clarificado el campo de
actuación en el Casco Vello a través de un Catálogo elaborado edificio a edificio y con una
especificación exhaustiva de las actuaciones posibles, con tres criterios no siempre coherentes
entre sí: protección, densificación como criterio de valoración económica e incentivación por
tanto de las acciones e incorporación de medidas de mejora de la habitabilidad de las
viviendas. Esta última no sólo a través de la aplicación de la normativa de obligado
cumplimiento, sino también con la incorporación de la definición de las alineaciones interiores
creando patios de manzana, que suponen la transformación de las tipologías primitivas, no
inciden en la protección real y en muchos casos son inviables por las características de los
edificios preexistentes, en los que su estado y grado de ocupación hacen imposible su
obtención, sino es a muy largo plazo.
Este es el instrumento de planeamiento con el que se viene trabajando y con el que, bajo la
acción dinamizadora del Consorcio, que va actuando de manera sistemática, e involucrando
poco a poco a la iniciativa privada, se va consiguiendo, aún cuando lentamente la
transformación del barrio.
El Casco Vello tiene la declaración de Área de Rehabilitación Integrada lo que permite hacer
un mayor hincapié en el desarrollo de un nuevo modelo de intervención que favorece el
“reciclaje urbano” como instrumento de transformación de la ciudad frente a su crecimiento.

3. SITUACIÓN ACTUAL

Hablar de regeneración urbana supone pensar en un proceso a muy largo plazo y más en
consideración de la situación del conjunto del que hablamos. De acuerdo con los datos del
PEPRI, éste cuenta con 708 edificios y 2.139 viviendas de las que solo están 1.206 ocupadas,
lo que en consecuencia supone que el 30% de los edificios estén en malas condiciones en
distintos grados, pudiendo estimarse que existen 80 edificios en ruina y 150 más en situación
de riesgo, situación que salvo las actuaciones puntuales que se han llevado a cabo, no ha
hecho más que empeorar. A esto hay que añadir la elevada edad de sus ocupantes, los bajos
niveles de renta, capas de población, cada vez más desfavorecidas que fueron ocupando los
edificios, hasta llegar a un situación de clara marginalidad, con la detección de situaciones de
hacinamiento. La prostitución tradicional de la zona alta pronto fue acompañada por la droga y
la ocupación ilegal de edificios, hasta el punto que muchos de ellos fueron tapiados dando una
imagen inquietante y creando una sensación de inseguridad que hizo que los ciudadanos
obviaran transitar por sus calles, restando atractivo el casco. Las dificultades parten, en un alto
grado, de la falta de aceptación del Casco Vello por la población viguesa como espacio de
identificación de la memoria colectiva.
¿Tiene en esta situación sentido hablar de regeneración urbana en relación con el ejemplo
planteado? Debería ser posible y todo apunta a que podrá lograrse como lo demuestran
experiencias en otras latitudes. A pesar de no ser muchos los años en que se viene actuando
de una manera más sistemática sí empiezan a apreciarse cambios. Está claro que la vida
urbana tiene que tener un campo para su desarrollo lo que tiene mucho que ver con la
adecuación del espacio, ya sea el espacio público o los locales comerciales que existan o se
puedan acondicionar, con la seguridad de las calles, con el atractivo de la escena urbana y lo
que es fundamental, la animación de las calles, es decir la cantidad de gente circulando en la
zona con intención de obtener servicios o simplemente placer estético. La animación del barrio
propiciará tanto la atracción de los vigueses como de los turistas que llegan en un número cada
vez mayor. Todos ellos, visitantes o usuarios, buscan calidad urbana, historia y servicios y son
al tiempo consumidores potenciales a los que, hasta ahora, la degradación del barrio venía
disuadiendo de su uso.
En lo que hace referencia a las herramientas utilizadas basta hablar de la falta de consenso
existente en la tramitación del PEPRI y la falta de transversalidad con que llevó a cabo su
redacción al margen de los agentes involucrados, lo que hace que no lo sientan como propio, al
margen de una desconfianza tácita hacia la administración dada su falta de actuación durante
muchos años. A lo que se añade la tardanza en la concesión de las licencias que complica y
alarga el proceso, haciendo desistir cuando no posponer las actuaciones propiciando una débil
actuación de la iniciativa privada.
Existe un obstáculo añadido para incentivar la animación de las calles, se trata de los tipos
edificatorios que, en su mayoría, fueron concebidos exclusivamente como viviendas y por otra
parte alcanzan un alto grado de obsolescencia. El parcelario es muy pequeño lo que limita las
posibilidades de las actividades a instalar en planta baja.
Es importante señalar la escasa adecuación de los equipamientos a las características socioeconómicas
del barrio, sólo existe un centro de acogida religioso y una guardería, el Asilo de
Ancianos se cerró y el edificio de la Gota de Leche sigue pendiente de que le den un uso. A lo
que hay que añadir la escasez del espacio público, salvo las plazas de la Constitución y
Princesa ya que hoy por hoy el espacio del Berbés, uno de los espacios más emblemáticos de
la ciudad y origen de la misma, después de la urbanización de su frente a través del proyecto
Abrir Vigo al Mar puede considerarse un espacio fallido. Existen zonas muy amplias en
superficie como son la Panificadora y el Barrio del Cura, auténticos “terrains vagues” que
inciden muy negativamente en la recuperación del conjunto.
La persistencia de la crisis está impidiendo la implantación de la vivienda en alquiler, repitiendo
las pautas de la vivienda en propiedad y malogrando la deseable movilidad de la población que
garantizaría una mayor permeabilidad social. Las primeras viviendas del Consorcio puestas en
el mercado que deberían ser en alquiler han sido vendidas.
Existe otro conflicto a considerar, la permanencia del tráfico rodado, pese a lo inadecuado del
viario. El aparcamiento indiscriminado y el incumplimiento de los horarios de carga y descarga,
impiden la percepción y disfrute del escaso espacio público existente y su reapropiación por los
vecinos como espacio de relación y convivencia, apoyo y refuerzo de las demás actividades.
Sin embargo se dan condiciones para una actuación integral de tráfico a partir del grado de
urbanización alcanzado y que junto con la rehabilitación de los edificios permite hablar de una
mejora de la escena urbana. En este sentido ya se han dado los primeros pasos con la puesta
en marcha de un microbús para la mejora de la movilidad interna y la presencia de iniciativas
como la escalera Berbés-Castillo de San Sebastián aún en proyecto y por último, la presencia
de aparcamientos en los extremos: Puerta del Sol-Berbés, lo que puede favorecer una intensa
peatonalización. La entrada de los vehículos solo se justifica por la difícil topografía que
disuade el caminar, en ningún caso por las dimensiones del Casco.
La presencia del Consorcio, supone una garantía del proceso de recuperación del Casco. Éste
plantea estrategias claras concentrando las actuaciones en las zonas más deterioradas,
actuando por áreas completas y considerando como zona de actuación preferente la parte alta.
Lo que supone que acciones, no muy grandes, tengan una incidencia importante, tanto en la
recuperación del tejido social como en la puesta en valor de nuevos recorridos en el Casco,
como pueda ser el acceso al monte del Castro, el parque por excelencia de la ciudad y mirador
sobre el impresionante paisaje de la Ría convirtiéndose en un recorrido obligado que
favorecerá indirectamente la seguridad junto con la actividad comercial.
Hasta el presente el Consorcio ha expropiado 62 edificios de los que se han rehabilitado 32,
resultando 64 viviendas en gran parte ya adjudicadas. Con este objetos se ha montado un
equipo de arquitectos que van aportando conocimientos, investigando en nuevas tipologías
edificatorias y constructivas, a los que acompañan empresas constructoras homologadas, lo
que da rigor a cualquier intervención y permite trabajar con presupuestos acotados, donde el
deterioro físico exige un esfuerzo económico importantes.

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Los premios se suceden, aún así las parejas jóvenes recelan de la posibilidad de educar a sus
hijos en condiciones de seguridad. La mala fama adquirida, en especial por la zona alta, retrae
a la población con capacidad de regenerar el barrio cambiando el perfil de la pirámide
demográfica, aportando una mayor formación y un nivel de renta más alta junto con unas
demandas culturales y sociales más urbanas.
Sin embargo, salvadas las primeras dificultades, empiezan a manifestarse potencialidades que
hasta hace poco no eran tan visibles aunque estuviesen latentes. Quizás la fortaleza más
destacable del Casco Vello es su posición de centralidad y algo no menos desdeñable, su
posición con relación al puerto. Si bien, será difícil arrancar a Príncipe-Urzáiz-Gran Vía- su
carácter comercial, o a –Policarpo Sanz-García Barbón- el de sede del espacio terciario, en el
que se concentran bancos y oficinas, ya hay indicios de un proceso de acercamiento o cambio
como el traslado de la Asociación de los Promotores de la Construcción a la c/Real o el inicio
de las obras para el traslado de los Registradores a la misma calle o la recuperación de la
Plaza de la Constitución para la celebración de fiestas tradicionales como el Carnaval o de
actividades lúdicas en el verano.
Existen también otros aspectos a considerar como es el incremento del valor del suelo como
efecto inducido a medida que el conjunto va mejorando y que ya empieza manifestarse. Sin
obviar el peligro de “gentrificación” que, un alza de precios y un mayor atractivo de la zona,
pueden generar, en detrimento de la variedad social que caracterizó al Casco en su día
De efectos más inmediatos es la presencia del puerto y la inclusión de Vigo en la ruta de los
grandes cruceros, con un crecimiento continuo de viajeros que pasan al menos un día en Vigo,
lo que supone la llegada al año de 250.000 turistas y 97.000 tripulantes a través del puerto, con
un pico importante en primavera y verano. Se trata de gente con capacidad de gasto y lo que
es más importante con capacidad de difusión del interés de la ciudad en otras latitudes.
El problema, en tanto no mejoren las cualidades del Casco Vello, y salvo recorridos
preestablecidos por la ruta de mayor calidad Puerto-Colegiata-Constitución-Puerta del Sol, la
topografía y la sensación de inseguridad disuaden la permanencia en otros ámbitos
dispersando a los viajeros hacia otras zonas de la ciudad y eliminando la posibilidad de
consumo en el Casco y por tanto su incidencia en la reactivación económica.
Se puede hablar de un espacio contradictorio como espacio de cambio que es y en el aparecen
espacios privilegiados como el Paseo de Alfonso con una espacialidad relevante por su
carácter abierto y una arquitectura de calidad prácticamente rehabilitada, es un mirador sobre
la ría al tiempo que una puerta adecuada para la renovada zona alta en el futuro. Con todo la
acción que puede llegar a tener una mayor incidencia en la revitalización del Casco, la política
de difusión de equipamientos ya empieza a ofrecer sus frutos, primero centrados en el borde y
la plaza de la Constitución, como la Casa de la Cultura Gallega, la Biblioteca Central y el
Centro de Salud para irse ampliando después el área de su implantación, con equipamientos
de calidad y de escala ciudad como la Fundación Camŏens, la Pinacoteca Fernández del
Riego, la puesta en marcha de la sede del Parque Illas Atlánticas o el mantenimiento de otros
como el mercado del Berbés referencia en la ciudad al igual que el mercado de A Pedra.
Equipamientos a los que no tardará en añadirse el Museo de Fotografía.

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Todo ello abre la posibilidad de la puesta en valor de recorridos más amplios como pueda ser
Colegiata-Berbés, recuperando la calle Real como calle mayor del conjunto. Existen otras
circunstancias interesantes como es el mantenimiento, aunque con carácter residual, del
comercio tradicional como puedan ser los cesteros en la calle de su nombre, la aparición de
una variada oferta hostelera, que actúa como elemento de atracción complementaria
conjuntamente con la aparición de un comercio más especializado, desde los complementos a
las vinotecas, la instalación de alguna galería de arte o la tímida incorporación de despachos
profesionales. Se puede decir que la vida vuelve a su centro.

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4 CONCLUSIÓN

En este momento puede empezar a hablarse de regeneración del Casco Vello, aún cuando
incipiente, y ello le convierte en un laboratorio de verificación de la validez de las políticas de
intervención en los centros históricos.
Puede afirmarse que estrategias de actuación, con una visión más amplia que la simple
recuperación de fachadas y la teatralización y museíficación del espacio urbano, la
incorporación de nueva población a través de una rehabilitación que incida en la habitabilidad y
la calidad de diseño y constructiva conjuntamente con la protección del patrimonio. La mejora,
a través de la urbanización de la calidad medio ambiental del conjunto y la incorporación de
equipamientos de calidad como factor de cohesión social suponen la posibilidad de la
reactivación económica de una zona que en épocas anteriores estaba en declive, creando
espacios más sostenibles.
Este proceso de rehabilitación, dentro de una propuesta integral, con una estrategia basada en
una visión de conjunto propicia actuaciones aisladas de pequeña entidad (micro urbanismo),
que ya empiezan a implicar a múltiples agentes y son capaces de producir un cambio, no sólo
en la percepción del espacio sino también en la aportación de nueva población que incide
creando sinergias positivas en el barrio.
La concentración de grúas a día de hoy en el Casco Vello, es una muestra de cómo aún en
tiempos de crisis, políticas de intervención adecuadas pueden no solo preservar y potenciar los
centros históricos como espacios de identidad, sino también impulsarlos como espacios de
centralidad y vida económicamente activa. El reciente premio de la XII Bienal Española de
Arquitectura y Urbanismo no hace sino confirmar que se está en el buen camino.