Pensar los proyectos como piezas que forman parte de una ciudad o de un paisaje, permite al arquitecto un alejamiento y una toma de distancia necesarios para la vida de los edificios, ya lejos de nuestras propias manos. Los edificios, independientemente de su función o de su construcción, son parte integrante de la ciudad y precisamente es la ciudad a quien deberíamos interrogar lo que hay que hacer en cada lugar, qué debe considerase en lo que allí se proyecta y también qué debe evitarse.

Los edificios se manifestarían así en la ciudad con su capacidad de intensificar lo construido, colaborando a la densidad urbana, mejorando lo que ya existe y sustituyendo aquello que sin tener valor, está aceptado por el mero hecho de estar presente. De ahí la necesidad de conocer el lugar donde se va a proyectar. Esta es la forma de averiguar las cualidades y las relaciones entre las cosas. Incluso si el lugar es conocido, debe convertirse de nuevo en territorio de exploración con una nueva mirada, distinguiendo lo proyectado como necesario frente a lo arbitrario.

Si queremos que el edificio pertenezca a la ciudad, que forme parte de su carácter, es preciso confrontar el proyecto con ella. Si nos aproximamos a conocer su propia realidad, podremos encontrar el camino a seguir en el proyecto para precisar su singularidad, hallando la manera en que finalmente contenga todos los objetos sensibles e ideales que coexisten en el lugar sin someterse a ellos, contribuyendo a mejorar la atmósfera en la que se inserta y pensando su equilibrio con el territorio y con las energías de la naturaleza.

Reutilizar con nuevos usos infraestructuras y edificios obsoletos o infrautilizados, reanimar, mediante la calidad, áreas enquistadas que alteran el pulso y la actividad de la ciudad, siempre ha formado parte de los mecanismos que dan vitalidad a los procesos económicos que garantizan su supervivencia. Los procesos de crecimiento urbano siguen un desarrollo permanente en el tiempo y continuo en el espacio, donde el planteamiento originario se enfrenta y enriquece a lo largo del tiempo con los términos innovadores de nuevas propuestas en un continuo hacer-deshacer  la ciudad. Los espacios abiertos, vacíos entre los muros construidos de las nuevas edificaciones, son las habitaciones de la ciudad que rehacen el tejido urbano donde discurre la vida y en los que la nueva arquitectura tiene la responsabilidad de redibujar unos espacios colectivos mejores.

Los proyectos de Paredes Pedrosa Arquitectos expuestos en el Taller Málaga Interrotta, precedidos de una reflexión sobre la celebración Roma Interrotta de 1978, se explican desde ese consenso hacia el contexto, sea ciudad o paisaje.

roma-foros-imperiales

1. Concurso Foros Imperiales de Roma.

En Roma Interrotta los doce arquitectos internacionales invitados a diseñar una sección del plano Nolli y a redibujar Roma, suponían que el tiempo había sido suspendido desde la creación del mapa original en 1748 y que la historia había sido interrumpida. En nuestra propuesta para el concurso de los Foros Imperiales, más allá de ordenar el área arqueológica y la Via Fori Imperiali, se propone la recomposición del tejido urbano, atravesado en la actualidad por esta Via, y la recuperación para la ciudad de una amplia plataforma urbana transitable en sus diversos niveles y en continuidad con la trama contemporánea.

Las reflexiones sobre arqueología y arquitectura conducen siempre a pensar en tiempo y en memoria y, necesariamente a pensar en la confrontación entre la arquitectura de tiempos distintos. En nuestra propuesta, esta amplia plataforma urbana no se considera sólo un área arqueológica protegida sino parte integrante de la ciudad que debe ser ordenada y vinculada con la ciudad existente. El proyecto recupera la topografía originaria usando ambos niveles, el de la ciudad y el de los Foros donde se redibuja el perímetro de la planta de cada uno de los Foros con unas estructuras ligeras donde se ordenan y clasifican los restos arqueológicos ahora dispersos, como en un “jardín de piedra”.

Entre ambos niveles se proyecta el Museo que incorpora la existente Villa Rivaldi y sus jardines y donde se expone la Forma Urbis en una nueva construcción desde cuya terraza pública se divisará el eje entre Piazza Venezia y Coliseo. El proyecto que resuelve y enlaza en los distintos puntos y niveles del recorrido la trama de la ciudad con la huella de los Foros Imperiales asume su condición de temporalidad sin imponer un carácter definitivo.

Projekt: Villa Romana La Olmeda, Architekt: Paredes Pedrosa arquitectos, Ort: Saldaña / E Digital 95MB [©(c)Roland Halbe; Veroeffentlichung nur gegen Honorar, Urhebervermerk und Beleg / Copyrightpermission required for reproduction, Photocredit: Roland Halbe]

Projekt: Villa Romana La Olmeda, Architekt: Paredes Pedrosa arquitectos, Ort: Saldaña / E Digital 95MB [©(c)Roland Halbe; Veroeffentlichung nur gegen Honorar, Urhebervermerk und Beleg / Copyrightpermission required for reproduction, Photocredit: Roland Halbe]

2 Villa Romana La Olmeda. Roland Halbe ©

 

En La Olmeda la arqueología es la razón de ser del proyecto pero además de la conservación del yacimiento arqueológico, el proyecto supone una reflexión sobre cómo exponer los fragmentos del pasado. La propuesta del concurso, de lema Noli me Tangere, planteaba algunas cuestiones como la independencia, formal y física, de la preexistencia y de la nueva construcción, eludiendo reconstruir unos desconocidos muros romanos. Así los nuevos usos se infiltraron como piezas autónomas entre los muros, enlazados por una pasarela de madera que recorre, siempre horizontal, toda la excavación y que se detiene en los principales puntos de observación de los valiosos mosaicos. La nueva construcción y los muros existentes son independientes pero yuxtapuestos y no se tocan.

El lugar, un paisaje horizontal de sembrados y choperas sin mas edificaciones, también sugería “no tocar”, que la cubierta fuera casi aérea y no mas alta que los cercanos grupos de chopos, fundiéndose con el cambiante color de las estaciones. En el interior la ligera estructura modular que cubre todo el recinto debía tener la suficiente altura para que el yacimiento pudiera evocar la espacialidad que un día tuvo la Villa, evitando la imagen de un espacio industrial a pesar de las necesarias grandes luces y así las ligeras bóvedas laminares proyectadas de base romboidal se convierten en un artesonado estructural que parece flotar sobre la excavación. Bajo el espacio cubierto, las distintas estancias se delimitan con tejidos metálicos suspendidos de las bóvedas, favoreciendo la contemplación de los mosaicos iluminados en ámbitos diferenciadas y recuperando espacialmente las estancias. Se presenta así al visitante un organismo complejo en el que se descubren las zonas excavadas, evitando dominar de un solo golpe de vista toda la Villa.

Las herramientas de proyecto, lugar y programa, se integran en la resolución de la gran estructura que exteriormente se cierra con módulos de chapa metálica perforada plegada sobre un zócalo que se arropa con un talud vegetal que lo ata al suelo. Los troqueles de este cerramiento varían su densidad según la altura, como lo hacen las ramas de los árboles, para integrarse en el paisaje y tamizar la entrada de luz natural. Estas reflexiones sobre la relación del proyecto con lo que ya existe, fueron tomando forma durante más de una década y ahora podríamos decir que la interpretación de este lugar arqueológico se ha convertido en una construcción en el paisaje que nos permite adentrarnos en otro tiempo.

ceuta-1_fernando-alda

3 Biblioteca de Ceuta. Fernando Alda ©

 

En la Biblioteca de Ceuta la excavación arqueológica, un fragmento de la ciudad meriní, modifica su valor arqueológico al incorporarse al propio espacio del edificio. El valor urbano de su traza ortogonal y el valor de la memoria de sus casas, huertos, patios y aljibes, decidieron su inclusión dentro de los espacios de la Biblioteca y su transformación en un objeto para la contemplación y para la memoria. La independencia del edificio respecto del interior arqueológico es, como sucede en La Olmeda, una intención de proyecto pero la preexistencia es necesaria para la definición de los nuevos espacios de la Biblioteca.

El edificio, situado en un compacto entorno urbano, incorpora el yacimiento en su espacio interior, como un documento urbano del pasado. La traza de esta Ceuta medieval, ordenada por dos calles de fuerte pendiente, está girada respecto de la de la ciudad actual y el giro de ambas direcciones, determina la geometría triangular de las siete pilonas que soportan la cubierta del yacimiento y el encasetonado de la losa estructural que lo cubre. De esta manera el valor urbano de la ciudad meriní se incluye en la estructura del nuevo edificio y el vaciado del interior arqueológico, procura la transparencia y comunicación visual entre los espacios de la Biblioteca y la excavación. Grupos de luminarias suspendidas con la geometría triangular, indican la dirección de las antiguas calles y enfatizan el yacimiento en un interior continuo, contenido entre los nuevos muros blancos que acompañan la topografía. El giro de las dos geometrías entre las tramas contemporánea y medieval determina la estructura de la Biblioteca e incorpora la memoria de otro tiempo.

Exteriormente la empinada topografía se recorre con un basamento de hormigón visto sobre el que apoya un doble cerramiento ligero paralelo a la pendiente de las calles. La cara exterior es una celosía perforada metálica de grandes escamas de aluminio que sombrea la cara interior de vidrio. Huecos abocinados de hormigón embocan vistas directas hacia el exterior mientras que la transparencia entre ambas capas tamiza como un velo el exceso de soleamiento y de luz, ventila la fachada y atenúa el intenso viento del Estrecho.

lugo-2_fernando-alda

lugo-1_fernando-alda

4 Auditorio de Lugo. Fernando Alda ©

Sin duda, los edificios públicos tienen la responsabilidad de construir los espacios de la ciudad. En el plano de Nolli de Roma sobre el que se propone el evento Roma Interrotta, los edificios públicos se dibujan como vacíos al igual que los espacios abiertos, plazas o jardines, en contraposición al tramado en negro de lo construido, indicando que éstos son parte de los espacios colectivos, que pertenecen a la ciudad y que no son objetos posados sobre ella.

En este sentido el Auditorio de Lugo propone ser parte del trazado urbano, dibujando un volumen alargado entre dos cotas: el nivel urbano de la avenida y el nivel superior de los jardines, que con siete metros de desnivel, tiene una poderosa condición topográfica. Esta condición permite utilizar la topografía a favor del proyecto, configurando un perfil urbano continuo hacia la ciudad y permitiendo disponer un jardín elevado de acceso al Auditorio mirando a naciente, antesala verde y silenciosa del edificio. Entre la transparencia de ambas caras se organiza el interior con una galería lineal que enlaza los recorridos y articula los vacíos de diferentes alturas que potencian unos espacios rotundos para el encuentro. El acceso se produce desde el jardín superior donde la escala del edificio se fragmenta y apenas sobresale de las copas de los árboles. Las dos salas, de 900 y 300 plazas, se apoyan sobre el perfil natural del terreno con una única pendiente, incorporando la visión de los jardines y la luz natural al fondo de los graderíos.

La necesaria altura de la torre escénica queda integrada a la cubierta de aluminio que se pliega para envolver los distintos espacios, dibujando una cornisa quebrada que lo aleja de una imagen monolítica. La galería con distintas transparencias confiere al edificio un carácter luminoso y construye la cara más urbana del Auditorio con vistas lejanas hacia el paisaje del Miño, configurando un edificio abierto para los ciudadanos en el que la continuidad entre interior y exterior y su carácter topográfico nos recuerda la originaria relación entre la música y los espacios abiertos.

 

 

© Ángela García de Paredes. Paredes Pedrosa Arquitectos.
Intervención en el taller de paisaje. Málaga, 7 de octubre de 2016.

 

Comparte